Una torta con 104 velas para la abuela «Tila»

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La abuelita Tila celebró 104 años, rodeada de amor. Parte de la familia se reunió en casa de su nieta Mirian Duran y su esposo Pablo Schwartz, quienes la cuidan, en una gran fiesta, esperada por todos, cada año.


Clotilde Salvagiote, nació el 20 de junio de 1914 en Bonpland, es hija de inmigrantes italianos. Lleva a cuestas, con total lucidez, el paso del tiempo y en consecuencia sus cambios, evolución, a los que no se acostumbra. 
 
Por eso prefiere seguir sola en su casita, la que la familia le construyó, a metros de la casa de su nieta-hija Mirian, (así la considera), a esperar la visita diaria de la familia.
 
Tuvo siete hijos, los que le dieron 32 nietos. Tiene más de 82 bisnietos y a su vez tataranietos que la familia no alcanzó a contabilizar. Le queda un hermano de seis, vive en Posadas, con 92 años. 
 
Una vida en la chacra
 
“Nací en Bonpland, de ahí fuimos a vivir a una chacra en el Barrero con mis padres. Me casé a los 17 años con Pedro Duran, fue mi primer novio. Vinimos a casarnos en Oberá, en 1931 (la ciudad tenía tres años), vinimos a caballo, mi papá nos acompañó porque yo era menor. De ahí vivimos en una chacra en Alberdi” contó a PRIMERA EDICIÓN, la cumpleañera.
 
Para “Tila”, cuidar los animales, atender la plantación, cuidar a los hijos, atender al marido, eran parte de sus obligaciones y fue la mejor parte de su vida, confesó. “Me gustaba trabajar en la chacra, tuve que dejar después que falleció mi marido. Mis hijos me trajeron a Oberá, pero extraño la chacra, no soy del pueblo, vine porque no podía quedarme sola” relató.
 
Si bien ya no puede movilizarse sola, escucha y habla bien, reconoce a su familia y le encanta la celebración de cumpleaños que su familia le prepara cada año. 
 
“Me gustan las fiestas”
 
“Me gustan las fiestas y me gustaba bailar, mi marido era músico, así que siempre íbamos a fiestas con los hijos. Yo me siento bien, si algo me cae mal no como más y listo, no quiero ir al médico. A mis hijos no pudieron ayudar, no me van a ayudar a mí” afirmó Doña Tila. 
 
Es que cinco de sus hijos fallecieron, después de sufrir penosas enfermedades. “Ella sufrió mucho con las muertes de sus hijos, siempre temíamos que le pase algo, pero no, es muy fuerte. Mis lindos recuerdos de la infancia era ir a la chacra, todos admiramos su fortaleza” expresó su nieta Carmen Wall.
 
Historias para los bisnietos
 
Sus bisnietos aman sus historias, las que los llevan a situaciones inimaginables. 
 
Una de ellas, Dalma Schwartz, está recopilando datos en una especie de historial que prepara. La descendencia de la abuelita Tila se amplía con los Wall, Gutiérrez, Dos Santos y Vargas, a quienes se unieron sus cuatro hijas.
Probablemente su bisnieta pueda rearmar el árbol genealógico de esta hija de italianos que se transformó en centro de la familia. “A veces cuando digo algo, me dicen eso es de otra época” sonríe Tila.
 
“El tiempo pasado fue mejor”
 
Probablemente hoy, su descendencia no comprenda esa vida que añora. Porque para ella, “el tiempo pasado fue mejor. La vida moderna no me gusta” confiesa. Pero finalmente, lo esencial no cambia, lo intangible sigue siendo, más allá del paso del tiempo, el secreto de la vida. “Nunca me metí en chismes, siempre los quise lejos. No me hago problemas y nunca hago mal a nadie” explicó la abuela, como parte inalterable de su vida que ya pasó la barrera de los 100 y sumó 104 velas a su torta de cumpleaños.
Fuente diario primera edicion