Siete consejos para calmar el llanto de un bebé

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¿Sos una mamá o un papá primerizo? ¿Llevas muchos días sin dormir? ¿No podés descifrar el llanto de tu bebé? No desesperes. La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) publicó una serie consejos que pueden servirte de gran ayuda.

Lo primero que debes saber es que los bebés necesitan comunicar sus necesidades y es muy poco lo que pueden hacer. Es necesaria la presencia de un adulto que establezca un vínculo de afecto con él, comprenda qué le pasa y responda adecuadamente a esa demanda.

1) Aprendé a descifrar sus códigos

Si miras atentamente las reacciones de tu bebé, podrás reconocer si está inquieto o si pone cara de desagrado. A partir del nacimiento y a través del contacto permanente, vas a ir descubriendo sus características particulares y aprenderás a conocer sus necesidades y las cosas que hace para comunicar lo que le pasa.

Durante el primer mes de vida, los bebés suelen llorar mucho, pero hacia los tres meses, se espera que cada vez lloren menos y empiecen a aprender a calmarse solos, o progresivamente con menos ayuda.

2) Ofrecé consuelo siempre

El bebé llora como una forma de comunicarnos que algo le sucede y que tiene una incomodidad. Dejarlo llorar sin calmarlo crea sensación de desesperanza. El bebé no tiene manera de calmarse solo. Puede hacerlo por agotamiento, pero no le estamos enseñando a conocerse y calmarse.

3) La teta, a libre demanda

Los bebés recién nacidos necesitan alimentarse frecuentemente. El estómago es muy pequeño y tiene poca capacidad. A medida que el niño crece, su estómago también lo hace, por lo que puede permanecer durante más horas sin recibir alimento. Durante el primer mes se recomienda alimentarlo “a libre demanda”: es decir, estar atentos a las manifestaciones del bebé y ofrecerle el pecho cuando llora. A partir de los 2 o 3 meses ya adquirirá un ritmo de alimentación cada 3 o 4 horas y se espera que comience a dormir más horas de corrido, para dormir toda la noche a partir de los 5 meses aproximadamente.

 

4) Los abrazos nunca están de más

Los bebés necesitan el contacto físico para calmarse así como los adultos necesitamos un abrazo cuando estamos angustiados. Es un error pensar que uno “malcría” a un bebé cuando lo toma en brazos. Los brazos del adulto funcionan como un límite y una contención que le permite al bebé reconocer su propio cuerpo y sentirse protegido. Las caricias transmiten seguridad y afecto. Los masajes o caricias antes o después del baño diario funcionan  como un relajante.

También es muy tranquilizador para los bebés escuchar la voz de sus seres queridos. A veces, con solo ponerse cerquita del bebé y hablarle con tono paciente y tranquilo, el niño se calma. Lo mismo nos pasa cuando tenemos un familiar lejos y nos llama por teléfono ¡Qué alegría nos da y cómo nos tranquiliza escuchar su voz!

5) Ropa cómoda y adecuada

A veces los adultos abrigamos al bebé porque pensamos que puede tener frío. Y los chicos pueden ser calurosos, o friolentos, igual que los grandes. Lo más práctico es vestirlo como lo haríamos nosotros: en invierno, abrigarlo sólo un poquito más que nosotros y en verano, mantenerlos frescos. No ponerles medias si hace calor.

También es importante que el bebé se sienta cómodo con la ropa. A veces los vestimos precioso, pero también tenemos que pensar que los bebés necesitan sentirse libres, usar ropa de textura suave y que no limite sus movimientos, que no le aprieten el abdomen o los pies, por ejemplo.

 

6) En qué casos consultá

Hay bebés que son muy predecibles y la mamá o la persona que lo cuida rápidamente se da cuenta de qué es lo que le pasa al niño. Entonces, el bebé necesita llorar cada vez menos: con una pequeña queja, rápidamente obtiene la respuesta a sus necesidades. Esos bebés suelen estar relajados, felices, riendo a carcajadas a partir de los 4 meses aproximadamente. Es muy importante que los bebés entre los 4 y los 7 meses estén gran parte del día felices y sonrientes, buscando contacto social.

Hay otros bebés que lloran mucho y que no son fáciles de calmar. En esos casos puede pasar que el bebé tenga alguna molestia que cuesta descifrar: esto puede deberse a algún dolor, mucha sensibilidad al ruido, a la luz, o al tacto.

También puede pasar que su mamá esté pasando un mal momento personal, o atravesando una gran tristeza provocada por las hormonas del embarazo. Incluso hay mamás que pueden sufrir depresión o cuadros psicológicos más severos. Por eso, es muy importante consultar con el pediatra cuando es difícil de calmar a un bebé.

7) Un último consejo: paciencia

A veces pasa que estamos muy cansados y desbordados. Cuando sentimos que no podemos calmar al bebé, lo mejor es respirar hondo y pedir ayuda. Tal vez alguien con más paciencia en ese momento logre resolver su necesidad.

Fuente diario sudamericana