“No soy tu mujer, es mi mamá, soy tu hija y no podés hacerme esto”

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Sobre morir y resucitar a esta mujer de 31 años no le son escasos los episodios. Desde los 16 sólo recuerda que fue víctima de la violencia paterna al extremo, de los múltiples abusos sexuales, las golpizas y el sometimiento sin límite, al miserable punto de comer las sobras del almuerzo o cena de su progenitor, de lo que quedara “porque lo más rico era para él”.

El peor de sus viajes por el terror lo atravesó el último miércoles 30 de enero en su vivienda a la vera de la ruta provincial 6 en Campo Viera, la misma en la que de niña comenzó a atravesar el dolor y espanto junto a sus hermanos y madre, en el precario hogar de una familia de trabajadores rurales, cuyo padre les infundía miedo, ya no le alcanzaba con haberla violado a los 16 años y con los reiterados abusos haberla dejado embarazada y obligado a parir dos veces. También se habría arrogado el derecho de desconfiar que su tercer embarazo no era producto “del macho de la casa”, sino de encuentros con otro familiar.

El literal calvario lo denunció primero ante la Policía y lo ratificó, hace pocos días, ante el juez de Instrucción de Oberá, Horacio Alarcón (subrogante de su par del Juzgado 1 a cargo de Alba Kunzmann de Gauchat) una vez que el resguardo de su padre detenido le permitió reponerse del ataque del 30 de enero.

Con el cuidado de detalles que exige el caso, por la integridad de la denunciante y su entorno, se puede describir, tal vez sea ya una regla, que la realidad se devora la ficción sin recaudo a cada instante. De acuerdo a fuentes exclusivas de PRIMERA EDICIÓN, describió en su declaración:

“Ese día estuvimos tranquilos hasta después de almorzar. Ahí comenzó a insistir con tener relaciones conmigo, yo no quería, estaba muy tomado como siempre y empezó a gritarme que el bebé que tenía en mi panza no era de él sino de mi cuñado, que cada vez que iba a buscar a mi hijo a la escuela (niño producto del abuso del padre) me encontraba con mi pariente y así quedé embarazada. Siempre fui violada por él, hasta cuando estaba menstruando lo hacía, me forzaba a entregarme, era mi obligación para que nadie muriera, me amenazaba y golpeaba siempre. Y esa siesta lo volvió a hacer, me golpeó con la mano con mucha fuerza por la cara y por donde podía. Intenté escapar y correr, pero me tiró un tanque de agua de veinte litros, me pegó en las piernas, caí y el ataque fue peor, parecía salvaje, un loco. Me dio piñas muy fuertes en la barriga, con odio y gritaba ‘voy a matar esa puerqueza’. Mi sobrino me ayudó a escapar y sólo recuerdo que me desmayé”.

“Nada lo frenaba, llorando muchas veces le supliqué: Dejá de lastimarme, desde los 16 abusás de mí y de mi hermana, yo no soy tu mujer, es mi mamá, yo soy tu hija, vos sos mi papá, no podés hacerme esto, yo llevo tu apellido”.

“Pero nada lo tranquilizaba, y más enfureció la última vez y entre los golpes me gritaba: ‘No le tengo miedo a nadie, ni a los policías, si voy a ir preso voy a hacerlo bien, primero voy a matar a dos, a vos y a esa puerqueza que llevás ahí, esa traición vas a pagar muy caro’”.

El testimonio quiebra cualquier temple o mente fría: “Durante muchos años sentí mucho miedo. Vivir con este hombre era un sufrimiento tras otro. Pero como ese día (30 de enero) nunca lo había visto y, cuando se me nubló la vista y perdí el conocimiento, pensé que era la muerte, sólo pensaba en mis hijos, sentía que ya me había matado”.

“Desperté en la sala (de salud) de Campo Viera, mi mamá me acompañó hasta allí y el médico de guardia llamó a la Policía. Me pedían que contara todo ahí, en ese momento, pero yo no podía ni abrir la boca para hablar, tenía la panza dura, me dolía mucho y el bebé no se movía. El doctor llamó una ambulancia y me llevaron a Oberá, estuve cuatro días internada, me hicieron muchos estudios y me adelantaron que mi embarazo corría peligro por los golpes que recibí y que el 18 de febrero debía viajar a Posadas, al hospital Madariaga, para mayores cuidados. Me llevaron y volví a quedar internada”.

Tras las observaciones y tratamientos de mayor especialidad en Posadas, la desdicha la volvió a poner en el límite: “Los médicos me dijeron que el bebé, por las lesiones que sufrió de la golpiza iba a nacer con macrocefalia. Y que después de parir iba a necesitar de mucho cuidado y estudios. Me dieron turno para volver el 28 de febrero pero dos días antes rompí bolsa y nació en la salita de Campo Viera. Me derivaron nuevamente al SAMIC de Oberá y allí estuve tres días internada y le iniciaron los estudios al bebé, que continúan”.

“Ahora que mi papá está preso, estamos tranquilos en mi casa, no nos falta comida, ya no comemos la sobra que él dejaba, para él era lo mejor y para el resto poco o nada”.

“No puedo imaginar qué hacer si sale en libertad, temo por la vida de mi bebé, la mía, la de todos. Tendría que pudrirse en la cárcel, si sale va a ocurrir lo peor, va a cumplir con su amenaza, nos va a matar”.

Por lo pronto, el acusado por los delitos de “abuso sexual, calificado por el vínculo, ultrajante, lesiones graves, amenazas y homicidio en grado de tentativa”, no podrá cumplir ninguna de sus amenazas y macabros juramentes, está bajo prisión preventiva y no hay indicios que hagan sospechar que no llegue a juicio oral bajo tal condición.

Fuente diario primera edicion