La histórica e icónica Unidad Penal Nº1 ya no tiene presos

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Parecía lejana la idea, pero finalmente ocurrió. En poco más de dos meses y algunos días, se concretó el dispositivo de traslado de todos los más de 599 detenidos en los 12 pabellones de la vetusta Unidad Penitenciaria Nº 1, ubicada por avenida 3 de Abril 57, al costado del puente interprovincial «General Manuel Belgrano». Atrás quedaron, 132 años de historias durísimas, de legendarios maleantes, aunque en las últimas dos décadas estuvo signada por las más sangrientas refriegas entre detenidos; motines violentos y choques entre la población penal y las fuerzas de élite del SPP y la Policía, que terminaron en asesinatos que hasta hoy siguen sin ser resueltos.

La fecha límite era el 3 de noviembre, así lo confirmó a este medio el ministro de Seguridad Juan José López Desimoni. Ahora, el viejo edificio, inaugurado en 1888, quedó sólo con una guardia preventiva mínima, a la espera en los próximos días de una inspección general, pabellón por pabellón, de parte de los grupos especiales y la posterior recorrida del Gobernador; de quien se espera, anuncie de un momento a otro, cuál será el fin de aquel enorme predio de dos hectáreas en uno de los sectores más codiciados de la capital correntina.

El 25 de agosto comenzaron los operativos de traslados. Uno a uno, los 12 pabellones que conformaban la vieja edificación iban siendo desalojados y, sus detenidos, trasladados en colectivos y celulares pertenecientes al Servicio Penitenciario Provincial, en el marco de un enorme despliegue de fuerzas especiales, no sólo de los propios guardiacárceles, sino también con la colaboración de motos y patrullas de la Policía. Alrededor de 12 operativos hasta el día de ayer. Todos en horario diurno, a media mañana y ante la vista de los capitalinos, que veían surcar la avenida 3 de Abril de lado a lado, las extensas columnas de patrullas y su incesante ulular de sirenas. Todo un espectáculo, que pocos entendían.

Suelo sangriento

Pero la vieja cárcel siempre tuvo historia. La que se escribió durante muchísimos años con sangre muros adentro. La de rencillas, desacuerdos, territorialidad, manejo de poder, choque de bandas o simplemente por la corrompida estructura de mandos. De los dos lados del escritorio. Sobre todo en las últimas dos décadas. La gota que rebalsó el vaso y que aceleró todo fue el último choque ocurrido el 21 de abril de 2020, cuando tras un confuso choque entre penitenciarios y presos, por un «picadito» de fútbol, se inició una violenta refriega en la que perdió la vida José María «Kevin» Candia de 22 años. Tres plomos en su cuerpo, determinaron que no fue una pelea de presos, sino un homicidio que hasta hoy sigue sin ser resuelto.

Pero allí también se vivieron otros choques. Los de los «jefes entre rejas». Viejos hampones que purgaban perpetuas por delitos pesados y a quienes, matar dentro del penal sólo elevaba su estatus. Así fue que el 19 de marzo de 2007, se produjo una de las masacres más horribles, cuando tras un forzado motín, se creó la distracción perfecta para ponerle fin de la forma más perversa y sangrienta a tres presos; Samuel Antonio Céspedes, José Oscar «Huevo Frito» Ramírez y Ramón María «Arnold» Centurión. Días antes habían cometido un «error trágico» entre muros. La traición. Y en los códigos tumberos, eso era motivo suficiente para que el precio puesto fuera sus vidas. Y así fue. Apuñalados, baleados y decapitados en sus propias celdas, sin posibilidad de resguardarse. Así los asesinaron y por ello, sólo un preso de la veintena que actuó en ese ataque, fue condenado a prisión perpetua.

Informes negativos

Inicialmente, la Unidad Penal Nº 1 fue creada para la contención de no más de 250 presos, lo que seguramente ocurrió hasta las primeras décadas del siglo pasado. Pero según indicaban historiadores, esta realidad cambió pasado los años 50 cuando el penal comenzó a poblarse a ritmo sostenido, hasta casi duplicar su población carcelaria. A lo largo de su historia, sobre todo en el último medio siglo, la UP 1 siempre obtuvo informes negativos en cuanto a la real contención de los detenidos y las expectativas de que estos, puedan salir verdaderamente reformados de allí. Fue en diciembre de 2017, cuando el Comité contra la Tortura de Corrientes, encabezado por el doctor Ramón Legizamón, elevó, quizás, uno de los documentos más duros, de unas 33 carillas, con un informe lapidario y muy puntual, sobre todas y cada una de las Unidades Carcelarias de la provincia de Corrientes y sobre la necesidad imperiosa de dar un golpe de timón de inmediato en las estructuras del SPP, principalmente en la Unidad Penitenciaria Nº1. Celdas superpobladas, hacinamiento brutal, paredes quebradas y húmedas, ratas y otras alimañas, sanitarios desbordados y una total falta de higiene general.

Mamposterías que se venían abajo a cada rato. Rejas que no contenían a nadie, a lo que se le simulaba el incesante flujo de ingreso de estupefaciente que sólo corrompía aún más las relaciones intramuro. Fue de alguna manera, la punta del ovillo para lo que finalmente se dio en los últimos dos años.

Tranquilidad al barrio

Pero los mayores beneficiados con este final de ciclo de vida de la UP 1, sin dudas, serán los vecinos del barrio Ferré, quienes durante décadas debieron ser partícipes involuntarios, testigos directos y hasta víctimas, de cada revuelta dentro y fuera del penal. Desde los gritos desgarradores, hasta los estampidos de disparos de balas de gomas, de plomo y las espesas humaredas de gases lacrimógenos cualquier hora del día y, en especial, los fines de semana. La cárcel siempre los tenía en alerta constante.

Hoy ya no quedan detenidos en la cárcel y, para los vecinos, esto generará un gran cambio en toda la zona. «A veces nos despertaban los disparos de balas de goma y gases, y otras nos íbamos a dormir escuchándolos. Si bien no sucedía todas las semanas, cuando ocurría un levantamiento de presos, a veces optábamos por irnos a la casa de algún familiar hasta que todo se solucione, porque era muy traumático escuchar y presenciar lo que sucedía detrás de esas paredes», comentó Darío, uno de los vecinos del barrio Ferré.

La nueva cárcel

Los 599 presos trasladados a la nueva cárcel ubicada en Laguna Brava, están ante una de las estructuras más modernas de la región en cuanto a Unidades Penitenciarias. Con capacidad para 720 detenidos, dentro de sus 1.700 metros cuadrados, la nueva Unidad Penitenciaria Nº 1 fue creada respetando todos los estándares de seguridad y respetando los tratados internacionales de Derechos Humanos, con un costo de inversión de 1.900 millones de pesos. El edificio tendrá una escuela con seis aulas, biblioteca, sala de profesores; Salón de Usos Múltiples de 400 metros cuadrados; centro de salud con 12 camas de internación, tres consultorios, laboratorio bioquímico, sala de rayos X y farmacia. Además de seis locutorios y dos salas de visitas sociales.

Posee talleres de oficios en carpintería, herrería y electricidad; comedor para personal de 150 metros cuadrados; 12 salas de visitas de contacto; 150 cámaras de videovigilancia centralizada; servicio contra incendios autónomo; conserjería de acceso; estacionamiento externo para 50 vehículos; campo de deporte; huerta terapéutica; redes de energía eléctrica y de agua potable, cada una de cinco kilómetros. Planta propia de tratamiento de líquidos cloacales y grupo electrógeno de 350 KVA. El Gobierno sigue aspirando a poder ahora colocar en el mismo terreno una Cárcel Federal.

Fuente: Diario época