La historia de «El Flaco», de robar motos a actuar en «El Marginal 3»

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Tiene tan solo 26 años, pero los golpes de la vida hicieron que parezca mucho mayor. Sebastian Marcelo nació en Misiones y tras la muerte de su hermano mayor- víctima de un apendicitis mal curado- su familia decidió mudarse a Capital, buscando sanar aquel dolor. Llegaron a la Villa 21-24 de Barracas sin nada, solo con la ilusión de que la vida les dé una segunda oportunidad, y un futuro mejor.

Todo cambió cuando Sebastián se presentó en el casting de la tercera temporada de El Marginal y quedó para el personaje de Fiorito. Al tiempo llegaría un contrato de la discográfica Universal Music Argentina: vieron un talento innato en él. Hoy, El Flaco -su nombre artístico- ya es furor en redes sociales, y asoma como un artista que no tiene límites. Tiene cuatro canciones subidas a su canal de YouTube, donde tiene 22.300 suscriptores.

«Apenas cobré lo del Marginal remodelé todo: la pinté, arreglé el baño, me compré un equipo, tele, compu, heladera, etcétera. Y ahora estoy viviendo en un lugar lindo. Creo que se está dando todo para que la gente de la villa triunfe porque son las personas que más hambre tienen: hambre de salir delante, de crecer y poder darle a su familia una vida mejor», detalla el cantante del trap sobre su casa. Y mientras habla levanta su remera, dejando ver sus tatuajes. En uno, ubicado sobre la costilla, dice: «Donde hay dolor, habrá canciones».

—¿Soñabas con este momento?

—Vengo laburando hace una banda ya, desde chico haciendo cosas, siempre tratando de superarme. Y yo creo que todo llega cuando tiene que llegar. Trabajé y trabajé mucho para poder salir adelante, para poder sacar adelante a mi familia. Así que no me sorprende; yo ya creo que me lo esperaba: me esperaba cosas grandes, como siempre. Tengo mucha hambre de salir adelante, de crecer, en la música, en la actuación, como persona.

—¿Siempre te gustó la música?

—Hice la primaria y secundaria por temas de trabajo. Igual siempre con el estudio fue como que no quería; yo quería trabajar, por las cosas que me hacían falta a mí. Por eso siempre quise trabajar, para tener mi plata.

—¿Qué querías?

—Y… todo, todo. Cuando llegué acá, a Buenos Aires, no teníamos nada: casa de chapa, el piso era de tierra. Y es feo pasar por eso… Y yo creía, lo que en realidad no está bien, que el estudio me iba a llevar mucho tiempo, y me puse a trabajar. Iba a la escuela y estudiaba, iba a la escuela y trabajaba, y salía de trabajar, volvía a trabajar de vuelta hasta que trabajaba. Trabajaba, trabajaba… Y el colegio me quedó como en segundo plano.

—¿Cuál fue tu primer trabajo?

—Repartiendo comida. No, ese fue el segundo: el primer laburo que tuve fue acá, en la quema, juntando plástico, cobre, metales, y los iba a vender. Bueno, con eso me compraba zapatillas, me compraba ropa, ayudaba a mi vieja a comprar mercadería para mi casa; me cortaba el pelo. Después trabajaba en una metalera, también juntando cosas, y como correo interno. El último laburo que tuve fue en el cementerio de Chacarita; era inspector municipal.

—¿Te costaba conseguir trabajo por no haber terminado el colegio?

—En realidad me costaba conseguir laburo por los horarios que yo tenía. Como estoy las 24 horas del día haciendo música en mi casa, entonces se me pasaba. Por ejemplo, en el último laburo que tuve me quedaba hasta las seis, seis y media en el estudio, y después tenía que ir a trabajar. Yo siempre soñaba con la música, siempre. Con hacer shows grandes, videos; trabajar de eso. Hace dos años que laburo de la música, básicamente; no hago otra cosa. Estoy ciento por ciento pendiente a todo lo que sea la música; conseguir shows, grabar, hacer cosas en la tele, todo lo que me salga.

—¿Tu familia te apoyaba?

—Mi viejo es como más callado, pero me apoya viste. Y mi vieja es la que está más pendiente, siempre me dio una mano en todas las cosas que pudo. Eso me dio fuerza: que mi vieja creyera que yo puedo salir adelante con esto.

—¿Cuántos hermanos son?

—Tengo seis hermanos. Uno falleció cuando tenía 11 años, y yo quedé como el mayor. Tenía apendicitis, no pudieron llevarlo al hospital a tiempo y se le explotó. Yo tenía 10 años, más o menos. Fue feo porque fue de un día para el otro: se enfermó, lo llevaron al hospital y falleció al otro día. O sea, no nos lo esperábamos. Mis viejos entraron en shock. Nosotros estábamos bien económicamente allá, en Misiones: mi viejo tenía un buen trabajo, mi mamá también. Pero nada, fue re feo. Y ellos no supieron cómo tomarlo. Perdimos todo allá y vinimos para acá, y era peor que allá. En Misiones hay mucha pobreza: acá nos falta para comer pero la comodidad no es la misma.

—¿Qué recordás?

—Allá mi casa era de material y cada un tenía su pieza. Y acá vivíamos todos en una pieza sin divisoria, ¿viste? Vivíamos todos juntos, dormíamos todos juntos, directamente.

—¿Te cansaste muchas veces en el camino?

—No. Yo soy seguro de lo que hago, siempre. No me afecta lo que puede llegar a decir otra persona de lo que yo hago viste. A veces pasa que por ahí la persona no lo hace por mala, pero te quieren bajar, ¿viste? No, yo voy adonde sea, y sé lo que doy, lo que puedo dar. Entonces, no me interesa lo que me digan los demás. Nunca me interesó. Mientras mi familia esté contenta y el equipo de laburo que tenga esté contento con lo que hacemos, no busco más allá la aceptación de la gente. Yo hago lo que pienso que está bien.

—¿Cómo es la vida en el barrio?

—Yo vivo hace una banda acá, desde los 11 años. Acá me crié. Conozco a la mayoría de los pibes del barrio. También estuve ayudando a los chicos exploradores de Caacupé, así que conozco a todos los chicos del barrio, directamente: los hacíamos jugar a la pelota, íbamos de campamento. Siempre estuve ahí, en la línea de lo correcto.

—¿Hay muchos prejuicios?

—Sí. La gente es prejuiciosa, más cuando sos de la villa. A mí me pasó siempre eso, pero la verdad que nunca le pasé cabida. O sea, no me importa en realidad lo que piense el otro. En los trabajos me pasó mucho; en la escuela también, con los profesores. Y después cuando empecé a hacer música… «No, este pibe es de la villa, este va a hablar de pistolas, de armas, de droga». Pero no, yo cantaba lo que a mí me parecía que estaba bien, contaba lo que yo sentía; entonces, ni me interesaba.

—¿De qué hablan tus letras?

—Sobre la droga, sobre que los pibes salen a robar y los terminan matando la policía. De las personas buenas que hay en el barrio. De esforzarse por las cosas, de no quedarse con lo que ven acá y ya está. De que hay algo más afuera, que nadie está destinado a quedarse acá, a morirse acá, en la pobreza, en la miseria. Creo que eso es lo peor que te puede: querer quedarte acá.

—¿Debés tener la ambición de salir de la villa?

—Sí, tener la ambición de salir, de salir adelante, de poder mantener bien a tu familia. Yo creo que eso es lo más importante. Y sentirte bien vos. Siempre siendo el mismo, el pibe del barrio así como sos, pero por ahí desde otro lugar. Como cualquier persona se merece salir de un lugar donde, no sé… Porque acá el barrio es hermoso, todo, pero ya estoy hace mucho, y como que yo ya quiero hacer otras cosas.

—¿Hay mucha droga en el barrio?

—Y… cualquier pibe de acá tiene problemas con las drogas: no te salvás, todo te lleva a eso. Te lleva cuando te bajoneás, los mismos amigos; la gente consume mucho, consumen mucha droga acá en el barrio. Es como que está todo armado para que vos termines ahí. Y que después te termine matando la policía, porque tenés necesidad y no trabajás, no te dan trabajo, y salís a robar. Y una vez que ya empezaste así, después es difícil salir. Más cuando te gusta la plata. A mí me encanta la plata, pero yo me la quiero ganar haciendo música, no choreando por ahí. Eso ya pasó hace mucho.

—¿Antes robabas?

—Sí, sí. Delinquí, me drogué. Hice muchas cosas de chico, a los 12 años, 13 años. Y así como te cuento yo te lo puede contar cualquier pibe que pares y le preguntes. Te va a contar lo mismo.

—¿Qué robabas?

—Motos.

—¿Y nunca te agarraron?

—No.

—¿No te daba miedo?

—No, no. Yo hacía lo que tenía que hacer, no me… Creo que es eso: hacer lo que vos pensás que está bien en ese momento.

—Y hoy, cuando mirás todo eso para atrás y ves que te llamaron de nuevo, y esto de El Marginal 3, de Universal, ¿es como un sueño que vos, en el fondo de tu corazón, sabías que ibas a cumplir?

—Sí, sí. Porque yo en todo lo que siempre pongo todo el corazón. Entonces, antes era lo malo y ahora son las cosas buenas que vienen. Creo que lo de El Marginal me va a ayudar mucho. Lo busqué siempre, tiré mails en todos los canales, mandaba currículums para que lo vean, con fotos, con vídeos, y no había pegado ninguna. Hasa que hablé con la persona correcta y mirá, ahí quedé. Y yo creo que todo es laburo. Es un laburo. Que por ahí lo que puede pasar es que te hacés conocido por  El Marginal pero si después no tenés algo que te respalde… Si querés vivir de eso es laburo, tener como varias opciones, llegar a todo el público que puedas.

—¿Qué te hizo el clic?

—Mi familia. No sé, por ejemplo, yo no consumo nada. Ya nació mi sobrino, y hasta le dije que iba a dejar el pucho. Estoy en eso ahora. Pero después ya no, yo estoy las 24 horas del día concentrado en lo que yo tengo que hacer que es hacer música y salir adelante con eso. Es como que acá, te ahogás.

—¿Te ahogás?

—Te ahogás porque tenés todo el pasado acá: tenés la droga a mano, tenés la pistola a mano, tenés la delincuencia. Hay personas que eligen eso para su vida y hay pibes que no. Si vos querés progresar, querés salir adelante y sacar a tu familia del barrio, no tenés que quedarte acá, tenés que pensar en otra cosa, no quedarte acá. No sé, por ejemplo, si estás las 24 horas del día acá no está bueno. Yo por eso me voy: vuelvo a mi casa ya tarde y me acuesto a dormir, me levanto, voy al estudio.

—Tratás de estar lo menos posible.

—Sí, sí. Siempre compartir tiempo con mi familia acá, pero después, el barrio, la verdad que no… Siempre estoy presente acá, pero no me quedo. No me quedo en los pasillos. Comparto cosas con mis amigos, comparto una pizza en mi casa, cosas así ¿viste? Ya no salgo a plaguear (juntarse a perder el tiempo con sus amigos), hace mucho ya, dos o tres años.

—¿Y estuviste muchas veces cerca de recaer en la droga, de no recuperarte?

—No, no. Siempre tuve en claro lo que quería. Yo no quiero hacer plata con esto porque no me conviene, porque si caigo en cana, ¿quién me saca? Me mata la policía ¿y qué hago con mi familia? Te tenés que sentar y ver qué querés hacer vos. Yo me senté solo y me dije: «Quiero hacer música». Entonces, si quiero salir adelante con la música, me tengo que poner a hacer música y todas las cosas que a mí no me suman las tengo que dejar. Porque si no lo hacés vos nadie te lo va a venir a hacer, no va a venir un chabón y te va a decir: «Eh, me encantó lo que hacés, te voy a sacar de acá». Eso no pasa, eso es como fantasía. Vos tenés que sentarte y pensar qué es lo que te conviene a vos. Y tenés que estar bien de la cabeza para sentarte y pensar eso. Pensar solo y decir: «Yo quiero esto, y tengo que hacer tal y tal cosa para que eso me salga».

—Y hoy contás con una discográfica enorme como Universal.

—Sí, sí, estoy re contento. Estoy muy contento. Y aparte son, nada, gente re copada que me sentí… Ya desde el primer día que fui me sentí re cómodo. Y yo en el equipo de laburo tengo un amigo que se llama Mauro que él laburaba ahí también y nada, como que siempre estuve ahí como ligado.