¿Es confiable The Lancet? Errores en un paper argentino sobre vacunas abren dudas

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Es una investigación que hizo el Gobierno. Clarín consultó a varios expertos que se mostraron sorprendidos, aunque creen que son desprolijidades y que no habría error en las conclusiones.

Una publicación independiente señaló incongruencias en el estudio de efectividad de la vacuna Sputnik V desarrollado en la Argentina y puso en cuestionamiento la confiabilidad de las revistas científicas que publican este tipo de investigaciones bajo la garantía de contar con un staff de eminencias científicas que evalúan y verifican la información.

Se trata de un paper firmado por la ministra de Salud, Carla Vizzotti, y, en segundo lugar, por la directora nacional de Epidemiología e Información Estratégica, Analía Rearte, que fuera publicado a mediados de marzo por la prestigiosa revista científica The Lancet.

Un día después, Vizzotti compartía el link al texto publicado por The Lancet en Twitter y destacaba los “excelentes” resultados de la investigación, desarrollada entre enero y septiembre de 2021, sobre la efectividad de Sputnik V, AstraZeneca y Sinopharm, tanto para prevenir las infecciones como la muerte en mayores de 60 años.

“Un estudio de @msalnacion (en referencia al Ministerio de Salud) publicado ayer en @TheLancet corrobora la efectividad de las vacunas aplicadas en Argentina”, encabezó el hilo Vizzotti.

Quien salió al cruce esta semana fue un biólogo molecular italiano, Enrico Bucci, uno de los tantos científicos que vienen chequeando datos en publicaciones sobre Covid-19.

“Una vez más, ha sido publicado un manuscrito sobre Sputnik que no debería haber pasado siquiera la revisión de un niño. El caso es que Lancet nos está acostumbrando cada vez más a revisiones improvisadas, o tal vez incluso a la falta de revisión, dada la calidad y la cantidad de errores que se encuentran en sus lustrosas páginas”, sentenció Bucci.

Desde el Ministerio de Salud, aseguraron a Clarín repitieron que se trató de “errores de tipeo” y aseguraron que “los números absolutos (de la investigación) son correctos, por lo que no se cambian las conclusiones.

La efectividad del 93,1% con Sputnik V, 93.7% con AstraZeneca y 85% con Sinopharm respalda la estrategia adoptada por el Gobierno de vacunar con Sputnik, a pesar de la falta de estudios, a través de una aprobación especial en el marco de la pandemia.

“Está revisado entero de nuevo”, afirmaron. Sobre si publicarán una nueva versión corregida para que esté disponible al público, aseguraron que “la revista tiene una erratas específica donde se pueden enviar este tipo de errores post-publicación”.

Las incongruencias

En su sitio web Cattivi Scienziati (o científicos malos, en italiano), Bucci detalló que encontró “muchos factores de confusión para corregir” en el estudio retrospectivo realizado por el Ministerio de Salud que midió la efectividad de Sputnik, AstraZeneca y Sinopharm en personas vacunadas y no vacunadas, todas mayores de 60 años.

Las variantes se presentaron en relación a las variables de edad, género, comorbilidades y origen geográfico, entre otras.

Por ejemplo, en la tabla que brinda detalles sobre la población estudiada, se especifica que hubo 18.733 muertes de 95.519 infectados, más allá de la vacuna.

“De esas muertes, 5.208 corresponden a personas de 80 o más años, lo que, según Lancet, representa al 27,8% del total de muertes. El problema es que en la misma tabla encontramos que de las 18.733 muertes totales, 7.434 corresponden a personas en los 60 y 69 años, y esto corresponde… de vuelta al 27,8% de las muertes, según la revista”, apuntó.

El autor va más allá y plantea que puede tratarse de “un error perdonable”, pero al desplazarse en la misma tabla se encuentra la distribución de los vacunados con Sputnik según el sexo. “En la franja etaria de 60 a 69 años encontramos un 49,7% de mujeres, y… ¡un 80,7% de hombres!”, resaltó, además, entre otros errores.

“Sería bueno, teniendo en cuenta todos los problemas destacados, poder acceder a los datos originales y verificar que, en todos los casos, los errores se deben simplemente a la falta de cuidado en el informe y la revisión de los datos; pero una vez más, como ya nos ha acostumbrado The Lancet, los datos originales no están disponibles para las comprobaciones necesarias, en el sentido de que los autores se reservan el derecho de facilitarlos en un plazo de nueve meses desde su publicación”.

“¿Hasta cuándo tendremos que presenciar la matanza de una buena idea científica y de un producto probablemente útil, aunque de producción compleja, por malos manuscritos con revisiones aún peores, publicados en revistas que se jactan de haber hecho la historia de la medicina?».

Y siguió: «Lectores y periodistas quedan advertidos una vez más: no tomen al pie de la letra lo que se publica en revistas científicas, especialmente aquellas que, teniendo una historia a sus espaldas, creen que su prestigio permite excusar la falta de revisiones serias para artículos de suma importancia”.

¿Qué pasó entonces?

«Hay tantos intereses metidos alrededor de los estudios científicos que puede pasar cualquier cosa, pero no en los resultados finales, porque ningún revisor tampoco se expondría», opinó una fuente de larga trayectoria en la investigación médica que prefirió no ser nombrada.

Aunque destacó que al no tener el documento original enviado por el Ministerio para comparar con la publicación de The Lancet, es difícil sacar conclusiones, pero sí recordó que eran «muchísimos los intereses» para que este trabajo fuera publicado.

«No solo era necesario para la Argentina, que ya estaba vacunando a su población, sino para todos los países que habían comprado Sputnik. No me extrañaría que haya pasado con muchos errores, porque los que revisan son personas, y yo no confío ni pongo las manos en el fuego por nadie», señaló.

Por su parte, Arnaldo Casiró, jefe de Infectología del Hospital Álvarez, destacó que «este tipo de revistas científicas, como Lancet, el New England Journal of Medicine o Journal of Infectious Diseases, son confiables, y para revisar un trabajo son tremendamente exigentes».

«Me llama mucho la atención estos errores», agregó el infectólogo y aclaró que «la Sputnik ha resultado segura y ha dado resultados». En ese sentido, destacó que los infectólogos que, como él, reclamaban mayores estudios antes de recomendar la Sputnik, celebraron la publicación de esta investigación en Lancet. «Dijimos ahora sí, porque se trata de una revista creíble».

«Yo tengo varios trabajos publicados de HIV en mis 25 años de carrera y cada trabajo es esperar que te contesten primero, porque muchas veces te lo rebotan de entrada, ni siquiera lo miran. Y cuando aprueban para la revisión, llaman a diferentes jurados que lo revisan», detalló.

Por su parte, el exministro de Salud, Adolfo Rubinstein, aclaró a Clarín que «más allá de que el diseño del estudio no es de los más sólidos, porque es un estudio de caso y control anidado en una cohorte retrospectiva, que no es el diseño más fuerte porque es un diseño retrospectivo, que va para atrás, de todas maneras es un buen estudio para evaluar la efectividad y yo no desconfío de los resultados«.

Y siguió: «Entiendo que la Sputnik es una vacuna tan efectiva como la Astrazeneca y la de Sinopharm un poco menos, pero lo que pasa es que lamentablemente estas desprolijidades ponen en tela de juicio la transparencia y la calidad de los resultados».

«Bucci es un investigador italiano de un grupo que cuestionó fuertemente la publicación de los resultados del ensayo fase 3 de la Sputnik V a fines del 2020 sobre la falta de transparencia de los datos. Sobre todo porque la base de datos no estaba disponible para ser chequeada», dijo.

En este caso también «es un problema de algunas publicaciones científicas incluyendo Lancet. No es correcto que los investigadores no tengan acceso a los datos originales», puntualizó.

«Lo que Bucci destaca son desprolijidades muy llamativas. Cómo no se va a comparar la suma de los porcentajes, cómo se van a repetir figuras. Algunas curvas de sobrevida esten repetidas para cada vacuna. La verdad es que llama mucho la atención.»

En ese sentido, explicó que el proceso editorial tiene dos fases: la de los pares revisores, que son los que «evalúan la calidad del manuscrito, si vale o no la pena publicarlo, interactúan con los autores para que modifiquen, agreguen o saquen algunas cosas, justamente para mejorar la calidad del artículo» y, por el otro lado, el que se relaciona con «la construcción de tablas y figuras».

«Yo no sé dónde está el problema en este artículo, pero  de todas maneras lo que sí refleja es por un lado un poco de indolencia por parte de los autores porque tienen que ver las tablas si hay o no hay errores. Y pone en tela de juicio si verdaderamente el proceso de revisión de pares es exhaustivo y riguroso como uno espera en una revista de la calidad científica del Lancet.

«Yo he publicado varios artículos en el Lancet y siempre fui un proceso editorial muy riguroso exhaustivo y con muchas idas y vueltas. Por eso me llama mucho la atención esto».