El Gauchito reunió a más de 300.000 fieles: sin puestos de venta y una pandemia casi olvidada

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La devoción al Gaucho Antonio Gil reunió ayer en Mercedes a más de 300.000  personas. Luego del doble homicio en agosto del año pasado,  por primera vez, la postal no fue la de las casillas que rodeaban al santo popular, sino la de sus escombros. Durante la festividad que recibe a devotos de todo el país no hubo pase sanitario y los protocolos anticovid se olvidaron.

La celebración inició el jueves por la noche con una misa en el predio de la Santísima Cruz y siguió el viernes con un responso en el cementerio “La Merced” ante la tumba del Gaucho en Mercedes.

El amor por el héroe de los pobres y ausentes logró que los peregrinos y devotos pasaran la noche en una vigilia en el Centro Cultural La Estación hasta las 5.30. ¿La compañía? La Cruz Peregrina que luego trasladaron al Anfiteatro Julián Zini donde celebraron una misa.

 

Las rutas que conducían al santuario estuvieron colmadas de puestos de control.  “Tenemos 12 puestos en todos los caminos que conducen a Mercedes”, confirmó a  El Litoralel comisario Fausto Domínguez, director general de Coordinación e Interior de la provincia de Corrientes, quien además admitió:  “Acá hay entre 300.000 y 400.000 personas”. 

En total fueron 250 los efectivos que custodiaron las rutas correntinas. Una pregunta recurrente de los efectivos fue: ¿De dónde viene y a dónde va? A lo que su “pase” iba acompañado de una enorme sonrisa.

 

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El objetivo era cumplir con la Operación Especial Cruz Gil, procedimiento que buscaba evitar los inconvenientes viales y de seguridad.

 

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A medida que Mercedes se divisaba, el paisaje se teñía de rojo. Autos con banderas en las ventanas, paños colgados en la ruta o jinetes con llamativos atuendos. Ya en el predio, lo que copaba la vista eran las decenas de colectivos, carpas y personas que dormían envueltos en una manta roja con la leyenda “Gracias Gaucho”.

A las 7 de la mañana en Mercedes se preparaban para trasladar la cruz a su santuario. Mientras, en el histórico punto sobre la Ruta Nacional 123, las personas realizaban una fila que parecía interminable para pasar unos segundos frente a la figura del Gaucho, agradecer y dejar alguna ofrenda simbólica.

 

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Los devotos debían atravesar una montaña de escombros para lograr ocupar un espacio en la fila. “Nos sentimos más seguros, estamos más en contacto con la naturaleza y no estamos todos apretados”, dijo a El Litoral, Julio Miño, oriundo de Esquina. Con sus 58 años, lamentó el crimen de “Checho” y “Minto”, los hombres asesinados en agosto del año pasado en un confuso episodio en el predio.

El doble crimen llevó a que, luego de un reiterado pedido de las familias que habitaban ese sector de la ruta correntina, se desalojara la zona y tumbara todo a su paso. El objetivo es transformar a este espacio un punto turístico correntino de primer nivel.

“Ahora el Gaucho está solo. Lo puede divisar cualquiera que pase. Esto es lo que nosotros soñábamos”, destacó a El Litoral con lágrimas en los ojos, David Caballero, primo de Checho.

 

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Mas allá, entre los árboles y la brisa del amanecer, las ofertas de productos con la imagen del santo popular colmaban las carpas blancas provisorias de los puesteros. Transitar por dentro de ellas era sencillo y se podía observar cada objeto de venta sin inconveniente. Tanto que las familias de vendedores hasta armaban reuniones para recibir a sus clientes con una sonrisa.

En ese marco, a pesar de la situación sanitaria que atraviesa el país -y el mundo-, la festividad no exigía el pase sanitario. Tampoco se notaban autoridades pidiendo distanciamiento social o uso del barbijo. “El nivel de organización y el hecho de que no estén las casillas como antes nos permite movernos de otra manera, hasta podemos tomar distancia”, dijo Julia, de Santa Fe, mientras con una mano tomaba la de su esposo y con la otra abrazaba con fuerza una figura pequeña del Gaucho.

 

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La pandemia quedó más en el olvido cuando los jinetes que traían la Cruz del Gaucho Gil se asomaban en el horizonte a eso de las 9 de la mañana. Automáticamente la multitud se agolpó sobre el guardarrail de la ruta y la Unidad Especial de Seguridad Rural y Ecológica desplegó un largo cordón humano para proteger a las personas de un posible accidente con los caballos galopantes.

 

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De la mano de la familia de “Checho” y “Minto”, bajaron la mágica cruz y la colocaron en su lugar. Pero no solo eso… también la agrupación que encabezaba la fila de caballos entregó una cruz especial en honor a ellos. “Para que su memoria siga viva”, gritó uno de los paisanos.

 

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Los sapukays, gritos y aplausos parecían no terminar. Más de un paisano se persignó frente a la imagen del heroico Gaucho Gil y soltó un lagrimón. Chicos, grandes y ancianos. No había edad para estar arriba de uno de esos caballos de diversos colores y tamaños.

 

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La cantidad era tal que, según dijeron a El Litoral, superaron los 500. “En un momento me di vuelta y la fila de caballos alcanzaba el empalme con la Ruta 14”, dijo emocionado Carlos Canteros, un mercedeño que hizo la promesa de cabalgar hasta el predio para pedir justicia por “Checho” y “Minto”.

Cuando la ruta comenzaba a disiparse de tantos jinetes, la bailanta resucitaba al ritmo del acordeón y mbaracá, como recuerda en sus versos el pai Julián Zini, “hay promesas que se pagan con un baile” y el que se iniciaba en ese momento no parecía acabar.

 

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Fuente el litoral